El campero nunca se rinde. Se mantiene firme y alerta, tiene la convicción de que su oportunidad llegará y eso es lo que lo diferencia de ti. Mientras el común de los mortales baja la guardia, él avanza en la obscuridad sin ser visto. Cuando aparece la oportunidad de oro, él actúa de inmediato mientras tú te haces a la idea de lo que ocurre.
El campero tiene las poderosas armas de la planificación, la improvisación y la perseverancia. No desaprovecha su tiempo; ahí donde lo ves quieto, planea e imagina posibles situaciones, siempre un paso por delante tuya. Ahí donde creas que ha bajado la guardia, ahí donde creas que se ha rendido, ahí será donde mejor pueda asestar su golpe. El campero no tiene compasión, ya que nadie la tuvo con él. Es un incomprendido que únicamente lleva su modo de vida de la mejor forma que sabe vivirla. Rozando la psicopatía, tiene la mente de un genio. Juega contigo a un ajedrez abstracto y de múltiples niveles en el que nunca quisiste empezar partida, pero él te obligó a seguir la que él había organizado y empezado.
El campero, esa figura desplazada de lo que es normal y políticamente correcto, con una fachada de normalidad y una personalidad fría y calculadora.
Despechado por la gente común, se mueve en el sigilo, busca su oportunidad, mueve hilos, la encuentra y actúa de forma que nada podría impedírselo. ¿Lo odias? Pues solo tienes una forma de combatirlo, amigo mío, volviéndote peor que él. Si es que puedes.
Esto no es más que el conducto de canalización hacia la sociedad de las presiones ejercidas por la misma.
miércoles, 29 de abril de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
Neurotransmisores
Neurotransmisores y hormonas, si es que hay diferencia entre ellos.
Al fin y al cabo no somos más que adictos patológicos a los
neurotransmisores. Estos son los que nos mueven, los que nos hacen seguir
objetivos, los que nos motivan a continuar en las peores etapas, los que nos
hacen disfrutar de los placeres más trascendentales o los más carnales y
mundanos.
Seguimos un compendio de principios (definidos o ambiguos) que son lo
que llamamos educación, saber estar, buen comportamiento, adaptación,
personalidad atrayente o cualquier nombre más que no describe nada distinto de
lo que es en el trasfondo: una cuidadosa y escrupulosa estructuración de la
dosis de neurotransmisores que nos chutamos, aprendida y pulida desde la más inocente
infancia hasta ya bien entrados los años.
Y —hablando desde lo socialmente bien o mal visto— se tiene el valor de tachar de
incorrecto a aquellos que usan estimuladores de la neurotransmisión o
sucedáneos de los mismos (las comúnmente llamadas drogas), cuando no hay más
que mirar al ser humano para darse cuenta de que los consumidores de drogas (legales
o ilegales) son el vivo reflejo de la sociedad que los ha parido. Una
distinción arbitraria como otras tantas que ha hecho el ser humano desde los
principios.
Aunque el objetivo de esta crítica no es la justificación del consumo de
drogas, sino más bien lo contrario: esto es una nota de desprecio a todo tinte
animista que pueda tener el conocimiento humano. Escupo en el animismo. Ya es
hora —y si no es, apuesto lo que sea a que tarde o temprano lo será— de que desaparezcan
explicaciones del alma, la inteligencia, la voluntad, la motivación o cualquier
cosa por el estilo basadas en algo abstracto.
El ser humano ya ha sido bajado de muchos pedestales a golpe de
evidencia. Quizás ya tenga que bajar de otro más, dejar de creer que hay algo
trascendente y abstracto por encima de todo nuestro ser y darse cuenta de que
todo este ser no es más que el producto de una (eso sí) compleja y estructurada
red de neuronas, que a lo mejor nunca seremos capaces de comprender porque a la
limitación de sus conexiones estamos encadenados.
Con la genética surgida y desarrollada desde Darwin dimos el salto de lo
cualitativo a lo cuantitativo en relación a la procedencia y exclusividad del
ser humano. Quizás (aunque ojalá no se quede en el quizás) con la memética de
Dawkins demos el salto de lo cualitativo a lo cuantitativo en relación a la
procedencia y exclusividad de la mente humana.
Por un lado todo esto es en gran medida desolador dicho desde y para la
condición de humanos en la que nos encontramos.
Aunque por otro lado hay que pensar que quizás los árboles no nos
permitan ver el bosque, por lo que la mejor forma de comprender al ser humano sería
usando la propia deshumanización, quitarnos todo lo que nos hace humanos. Dicho
de otro modo, un enfoque nihilista, donde no existe el concepto de motivación,
aunque tampoco el de desolación.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Psicología y ciencia
La aplicación de la
biología (y sus técnicas presentes y futuras) a la psicología ofrece un campo
de cultivo inmenso. Abundantes resultados y mucho tiempo por delante para
interpretarlos, reunir regularidades y formular leyes desde un punto de vista
aún más completo y exhaustivo que el que tuvo el conductismo en sus buenos años
'50-'70.
A pesar de lo radical del
susodicho conductismo, no le debemos restar la hazaña de sus grandes
contribuciones en explicación/control/predicción de la conducta humana (tanto
de forma directa como mediante su influencia en otras teorías no conductistas).
Nuevamente el
"fantasma de los extremos" de la psicobiología hace temer a las
corrientes psicológicas, esta vez acusado de ser un radical del reduccionismo
biologicista, críticas procedentes en parte de la vieja escuela conductista
(que ya perdió su hegemonía), en parte de otras corrientes de menor calibre
—unas ya casi extintas y otras con blandos cimientos— que ni me molesto en
mencionar.
¿No es acaso el
desarrollo de los extremos al nivel del resto lo que nos hace tener una visión
de conjunto mayor? ¿Quién fue el listo que puso de moda la frase "todos
los extremos son malos"?
Según mi forma de ver (y
esto ya es reflexión personal), todo esto no responde más que a la aplicación
de los principios de la Selección Natural sobre las ciencias: variación y
selección.
La variación haría
referencia a la proliferación de nuevas teorías/doctrinas/escuelas/visiones, y
al desarrollo de estas hasta que todas tengan un nivel suficientemente
respetable como para que haya que dar (figuradamente) un paso atrás y poder
verlas todas en conjunto.
La selección haría
referencia al establecimiento de patrones fijos, de regularidades comunes a
todas esas teorías ya desarrolladas, para así vislumbrar una nueva y
simplificada teoría que las explique a todas.
No soy experto en
ciencias, pero esta es (sin saber si hay otras que desconozca) la forma en que
la ciencia avanzaría en general, pudiendo con el paso de los años llegar a lo
que tantos afines a las ciencias deseamos, una puta Teoría del Todo.
Quería acabar la entrada
con esta pregunta retórica/orientativa, así que volviendo a la psicología:
¿Surgirá un Skinner de la
psicobiología, o es que con la Nueva Historia se ha acabado el tiempo de las
grandes figuras?
lunes, 13 de enero de 2014
¿60? ¿Por qué no 100 o 50 o algún número aparentemente redondo o de índole similar? ¿Por qué son 60 minutos los que tiene una hora?
A decir verdad, el 60 es un número bello, tanto matemática como antropológicamente. He aquí un breve análisis de la naturaleza del 60.
Pare empezar y simplificar, divido el 60 entre dos de sus divisores para analizarlos por separado, el 10 y el 6.
El número 6 es un número a fin de cuentas bello, desde el punto de vista matemático. Todos sabemos (implícita o explícitamente) que ningún número (en el conjunto de números naturales N) puede dividirse entre ningún otro mayor que su mitad. Bien, exceptuando estos, el 6 puede dividirse por todos los números que lo preceden (1, 2 y 3).
No solo esta propiedad es la única, cabe igualmente resaltar que el 6 es un número perfecto. Para los no afines a la ciencia exacta, esto se traduce en que la suma de sus divisores resulta tal número (es decir, 1 + 2 + 3 = 6)
Su divisibilidad parece condición necesaria y suficiente como para que abandere un divisor del producto que nos rige día a día.
Por otro lado está el 10 y su significado cultural. 10 es la base en la que hemos contado desde allá el siglo V (véase Tª de la Computación). Son 10 los dedos que tenemos en las manos, partidos entre sus divisores: 2 manos con 5 dedos cada una. El 10 por su historia está presente en todas las situaciones de la vida.
En el lado matemático, el 5 es un número lleno de misticismo —sí, "misticismo" y "matemáticas" están presente en un mismo texto sin que pierda la coherencia o la realidad— por temas religiosos y místicos que no considero que merezcan mención. Sí por otra parte cabe destacar las matemáticas ocultas en la estrella de 5 puntas, donde en distintas secciones se encuentra la proporción áurea, el número de Dios Φ.
Todo esto hace que el 10 merezca tanto como el 6 la presencia en la hora.
Con todo esto y para concluir, la curiosidad de que el 60 es divisible entre 1, 2, 3, 4, 5 y 6; haciendo de este un número versátil, haciéndolo preferible a cualquier otro número aparentemente más lógico como sería (y de hecho lo fue en la Revolución Francesa) el 100.
viernes, 5 de julio de 2013
Breve reflexión sobre nuestra civilización.
¿Cómo vemos a las civilizaciones del
pasado a las que calificamos como ilustres? Me estoy refiriendo no
solo a civilizaciones como Roma, Grecia o Mesopotamia, sino también
a corrientes de pensamiento tales como la Ilustración o el
Renacimiento. Vemos que destacan porque fueron sobresalientes en su
entorno cultural, porque en medio de formas de vivir menos entregadas
a lo perpetuo (y por razones más concretas que seguramente los
antropólogos podrán definir) ellos eligieron el camino del
conocimiento. Fueron los precursores de lo que en teoría hoy en día
se intenta, saber más y mejor, y porque si hoy tenemos lo que
tenemos y vemos lo que vemos, es porque estamos subidos a hombros de
estos gigantes ancestros (haciendo alusión a la analogía que usó
Newton en su momento).
En resumen, consiguieron conocer lo que
los/nos rodea y encontrar porqués tras porqués, poniendo toda esa
base de conocimiento a su/nuestra disposición; hicieron que hoy en
día se considere como normal lo que hace siglos solo se podría
(como mucho) haber vislumbrado en obras literarias como las de Julio
Verne, o haber pasado por la imaginativa mente de algún investigador
antes de caer en el olvido para que este siguiera con su trabajo
rutinario.
Los vemos como los vemos porque somos
como somos. En esta cosmovisión enfocada a progresar, alabamos a los
que ya hace tiempo hicieron relativamente más avances en peores
condiciones, y por eso ocupan parte de nuestros libros.
¿Cómo nos vemos actualmente? Hay
puntos de vista para todo, quizás esa sea la clave de que el mundo
avance, un hervidero de ideas generalizado. Algunas de esas ideas
avanzan y crean nuevas corrientes y doctrinas, con sus respectivos
avances, para tarde o temprano morir o ser desbancadas por otras que
ofrezcan mejores mejoras. Otras se quedan estancadas, encontrando
único refugio latente en los escritos y a la espera de que en un
futuro alguien avive esa alegórica llama escondida en el ascua
conceptual bien resguardada de los elementos, que la desvirtuarían.
Unas mentes dicen que vamos en el
camino hacia el futuro, otras que nos dirigimos a la inminente
destrucción, y entre esos dos extremos se encuentra un amplio
gradiente que se decanta gradualmente más por un polo u otro.
En cierto modo se me asemeja a una
versión mental de la evolución: una variación constante (y
aparentemente aleatoria) de organismos que luchan entre sí, usando
cada cual las armas que posee, tras lo cual los que sobreviven son
los dotados de expandir su propio orden de las cosas, creando así la
simple pero muy potencial base para una comunidad que avanza en el
tiempo y en el espacio. Así es la idea de la evolución de la vida;
así es la vida de la evolución de las ideas. Tal vez fue esto lo
que vio Dawkins montado a hombros de Darwin y ayudándolo a componer
su teoría de los memes.
Recapitulando y un poco como comentario
personal, en el primer párrafo citaba que nos fijamos en esas
civilizaciones antiguas porque fueron nuestros predecesores en
pensamiento, en el ámbito evolutivo nos fijamos en las especies (o
ideas) que consiguen sobrevivir ya que de un modo u otro nosotros
somos supervivientes (biológica y cosmovisualmente hablando). Quizás
sólo nos interesamos en conocer nuestro entorno para considerarlo
una prolongación de nosotros mismos, una parte de nosotros, o que
incluso nosotros y nuestro entorno formamos parte de un todo. En tal
caso tendrían un punto a favor las corrientes teológicas-filosóficas
del panteísmo, o algo a lo que personalmente soy adepto como esta idea del astrofísico Neil deGrasse de que mirar las estrellas (sin ánimo de ponerme poético) no es más
que mirarnos a nosotros mismos.
En resumidas cuentas y casi como
conclusión, quizás no podamos definirnos a nosotros mismos porque
no podemos determinarnos como punto fijo, sino que solo podemos
determinar a algo respecto a una referencia, que en este caso somos
nosotros. Como nota al lector, puede que haya notado una atrevida
pincelada de conceptos básicos de la física de Newton en la última
frase, con la cual no estoy del todo seguro de si continúo
escribiendo desde la imparcialidad que en un principio pretendí.
¿Cómo nos verán los habitantes del
futuro? A no ser que seamos la excepción de la regla (mucha
excepción tendríamos que ser para saltarnos esa regla) nuestra
civilización acabará como ya han acabado todas las extintas.
Nuestras corrientes de pensamiento se extinguirán o avanzarán hacia
otras más desarrolladas, quedaremos obsoletos. En ese momento, los
habitantes del futuro no podrán vernos mirando a su alrededor, y
solo podrán juzgarnos por una cosa: nuestros hechos.
La forma en que nos verán tales
habitantes depende de dos factores; por una parte depende de su
propia naturaleza y por otra depende de la nuestra: viendo el camino
que han seguido podrán determinar desde qué punto de vista nos ven.
Si han avanzado lo suficiente como para desbancarnos abierta y
exponencialmente, nos verán como una cultura que no supo destacar
históricamente. Si por el contrario avanzan con más lentitud de la
que hoy en día lo hacemos, nos verían como una cultura avanzada
para nuestra época. Entrar en más detalles sería desarrollar lo
que ya está dicho en su esencia.
Personalmente, preferiría que en un
futuro nos miraran con desprecio, ya que eso supondría que el avance
que han alcanzado es mucho mayor que el avance del que disponemos hoy
en día. Aunque esto no es más que un deseo personal. El hecho de
que destaquemos en lo que (según la concepción general) nos hizo
destacar. En mis idílicas imaginaciones de ese futuro, veo una
civilización humana de emigrantes a otros planetas de otros sistemas
solares por la superpoblación que ha supuesto el hecho de que
podamos haber vencido por fin a la muerte, por eso y por el avance
científico que supondría; un nuevo campo de exploración como en su
tiempo lo fue expandirse por el mundo, descubrir América o poder por
fin salir de la Tierra. Pero como ya bien he dicho, esto no es más
que una idea personal.
Seguimos por suerte o por desgracia
residiendo en este presente continuo, en el que como hace la ciencia
o como ya desde hace mucho ha hecho la evolución, tiramos de lo que
el pasado nos ha concedido para labrar en un presente una base para
estar un poco más arriba en el futuro.
miércoles, 20 de abril de 2011
Pesadilla de Dawkins
Estás atad@ a tus genes, ellos te crearon, ellos deciden sobre ti, abandona esa falsa sensación de libertad. Busca pareja y transmítelos, tal y como ellos te ordenan. No puedes escapar, no eres libre, tu misión es propagarlos. Siente como la impotencia recorre cada milímetro de tu cuerpo, porque justo ahí están ellos, en cada célula que te compone. No puedes exterminarlos porque de ellos depende tu misma vida. Teme, siente como te rebajas a ser la simple herramienta que eres, abre los ojos, despierta, vives en el reino de las espirales inmortales.
miércoles, 12 de enero de 2011
Dios no te ama
Demostración simple de que Dios no te desea nada bueno:
1. Dios es omnisciente.
2. Por ende, Dios sabía que Adán y Eva iban a cometer el pecado original.
3. Si lo sabía y aún así nos creó, siendo un ser omnisciente nos condenó a un pecado eterno.
4. Apoyándonos en 1, Dios sabía que los actualmente pecadores iban a ir al Infierno.
5. Si lo sabía desde el principio de los tiempos (porque es omnisciente) y aún así lo permitió, condenó a su creación al Infierno desde un primer momento.
6. Conclusión: Dios es un ser selectivo, arbitrario o simplemente no aprecia su creación, ya que un padre que ama a sus hijos no permitiría que fueran condenados eternamente.
7. En teoría, Dios es perfecto.
8. Ser perfecto no incluye ser arbitrario o despreciar tu creación.
9. Conclusión bonus: la única posibilidad es que Dios no exista.
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